martes, 25 de agosto de 2015

"Decicatoria", Luis Alberto de Cuenca


La tierra estaba seca.
No había ríos ni fuentes.
Y brotó de tus ojos
el agua, toda el agua.

Teognis de Megara


El amor por un joven es hermoso
tenerlo y es hermoso abandonarlo,
y es más fácil hallarlo que cumplirlo.
Mil males vienen de él, también mil bienes:
aquí su encanto, sí, precisamente.

jueves, 13 de agosto de 2015

"Esposa", Miguel D'Ors



Con tu mirada tibia
alguien que no eres tú me está mirando: siento
confundido en el tuyo otro amor indecible.
Alguien me quiere en tus te quiero, alguien
acaricia mi vida con tus manos y pone
en cada beso tuyo su latido.
Alguien que está fuera del tiempo, siempre
detrás del invisible umbral del aire.

"Calendario perpetuo", Miguel D'Ors



El lunes es el nombre de la lluvia
cuando la vida viene tan malintencionada
que parece la vida.

El martes es que lejos pasan trenes
en los que nunca vamos.

El miércoles es jueves, viernes, nada.

El sábado promete, el domingo no cumple
y aquí llega otra vez -o ni siquiera otra:
la misma vez- la lluvia de los lunes.


sábado, 8 de agosto de 2015

"Venus de Cnido", Víctor Botas


Las manos de la diosa
no prodigan
calor.
           Valen mil veces
más la humilde ternura de esas otras
comonues y encontradas
en la noche del puerto
que toda la destreza de Praxíteles.

"Memoria" (Sobre un texto de Ishikama Takuboku, José Ángel Valente


Esa mujer que lloraba en mi cuarto
¿era el recuerdo de un poema
o de uno de los días de mi vida?

jueves, 14 de mayo de 2015

Marco Valerio Marcial

Las cosas que hacen feliz,
amigo Marcial, la vida,
son: el caudal heredado,
no adquirido con fatiga;
tierra al cultivo no ingrata;
hogar con lumbre continua;
ningún pleito, poca corte;
 la mente siempre tranquila;
sobradas fuerzas, salud;
prudencia, pero sencilla;
igualdad en los amigos;
mesa sin arte, exquisita;
noche libre de tristezas;
sin exceso en la bebida;
mujer casta, alegre, y sueño
que acorte la noche fría;
contentarse con su suerte,
sin aspirar a la dicha;
finalmente, no temer
ni anhelar el postrer día.