martes, 2 de abril de 2013
Fragmentos de "Ese maldito yo", Emil Cioran
Tras las VARIACIONES GOLDBERG -- música "super-esencial", para emplear la jerga mística-- cerramos los ojos abandonándonos al eco que han suscitado en nosotros. Ya nada existe, salvo una plenitud sin contenido que es la única manera de rozar lo Supremo.
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Hubiera podido expresar todo lo que me atromenta si el oprobio de no ser músico me hubiera sido evitado.
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Esas noches en las que estamos persuadidos de que todo el mundo ha evacuado el universo, incluidos los muertos, y que somos nosotros el único ser vivo en él, el único fantasma.
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Parecerse a un corredor que se detiene en plena carrera para intentar comprender qué sentido tiene correr. Meditar es un signo de sofoco.
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Esos instantes en los que basta un recuerdo o menos aún para deslizarse fuera del mundo.
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Pienso en C., para quien beber café era la única razón de existir. Un día que le hablaba de los méritos del budismo, me respondió: "el nirvana, de acuerdo, pero con café".
Todos tenemos alguna manía que nos impide aceptar incondicionalmente la dicha suprema.
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Se ha comparado el nirvana con un espejo que no reflejaría ningún objeto. Es decir, con un espejo puro para siempre, para siempre deshabitado.
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No sé qué sed diabólica me impide romper mi pacto con mi aliento.
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Solo, cara a cara, con las noches y con las palabras.
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Cambiar de idioma, para un escritor, es como escribir una carta de amor con un diccionario.
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Quisiera olvidarlo todo y despertarme frente a la luz anterior a los instantes.
Imagen de tus manos, Lorenzo Oliván
Hay manos que acarician
y casi casi ven.
Ven y acaríciame y haz que yo sea
la imagen que de mí tienen tus manos.
De tanto amarte y tanto no quererte, Luis Alberto de Cuenca
De tanto amarte y tanto no quererte
te has cansado de mí y de mis locuras
y le has prendido fuego a nuestra historia.
Tu ropa no perfuma ya la casa.
No queda una palabra de cariño
suspendida en el aire, ni una hebra
de azabache en la almohada. Sólo flores
secas entre las páginas del libro
de nuestro amor, y cálices de angustia,
y un delirio de sombras en la calle.
Confidencias, Felipe Benítez Reyes
Como todos los jóvenes yo también he buscado
esa luz inquietante que brilla en la aventura.
Como todos los jóvenes he arrastrado mis sueños
por el fango celeste de la vida nocturna.
El alcohol- que seduce- y los cuerpos - que embriagan-
me han dado la medida de unos mundos secretos
que van ya convirtiéndose en jardines de hastío,
y la pasión primera en un jardín de invierno.
Todo cansa y aburre. Las manzanas mordidas
dejan el gusto amargo de una falsa promesa:
su seducción se cumple y de pronto no es nada,
consumar un deseo es besar a la niebla.
Como todos los jóvenes he apostado al diablo
y he vendido mi alma a precio de inexperto;
supongo que he perdido la inocencia y la Gloria,
pero nunca los jóvenes temimos al Infierno.
Y aunque me quede tiempo y aunque el halago equívoco
del mundo me sujete, he muerto a las pasiones.
Porque todo es un lento bostezo. Y no me importa
apostar al fracaso. Como todos los jóvenes.
esa luz inquietante que brilla en la aventura.
Como todos los jóvenes he arrastrado mis sueños
por el fango celeste de la vida nocturna.
El alcohol- que seduce- y los cuerpos - que embriagan-
me han dado la medida de unos mundos secretos
que van ya convirtiéndose en jardines de hastío,
y la pasión primera en un jardín de invierno.
Todo cansa y aburre. Las manzanas mordidas
dejan el gusto amargo de una falsa promesa:
su seducción se cumple y de pronto no es nada,
consumar un deseo es besar a la niebla.
Como todos los jóvenes he apostado al diablo
y he vendido mi alma a precio de inexperto;
supongo que he perdido la inocencia y la Gloria,
pero nunca los jóvenes temimos al Infierno.
Y aunque me quede tiempo y aunque el halago equívoco
del mundo me sujete, he muerto a las pasiones.
Porque todo es un lento bostezo. Y no me importa
apostar al fracaso. Como todos los jóvenes.
jueves, 28 de marzo de 2013
Para que yo me llame Ángel González, Ángel González, seguido de Para que yo me llame Jorge Equis, de Cronopiodeley
Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...
.......
PARA QUE YO ME LLAME JORGE EQUIS
Debieron de ser muchos, todos calvos,
nariz grande y tendencia al estrabismo.
De los tiempos primeros
del Adán y la manzana de los Equis
yo soy lo que ha quedado:
la sombra de una sombra que se apaga
Entre las sucias manos de la tarde.
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...
.......
PARA QUE YO ME LLAME JORGE EQUIS
Debieron de ser muchos, todos calvos,
nariz grande y tendencia al estrabismo.
De los tiempos primeros
del Adán y la manzana de los Equis
yo soy lo que ha quedado:
la sombra de una sombra que se apaga
Entre las sucias manos de la tarde.
sábado, 23 de marzo de 2013
Tú, Cronopiodeley
Has muerto y has resucitado. Te creímos viva entre nosotros. Nada más erróneo.
Cuántas veces más cierta ahora que cuando te tuve a mi lado. Cuántas veces más cierta
esta noche en que la sensación de tu tacto vuelve, y tú surges de entre mis manos,
nacida de mí, para mí siempre, solamente tú; tú, al fin.
domingo, 10 de marzo de 2013
Cuarteta, Jorge Luis Borges
Del Diván de Almotásam el Magrebí (siglo XII).
que es la estación (nadie lo ignora) más propicia a la muerte.
¿Es posible que yo, súbito de Yaqub Almansur,
muera como tuvieron que morir las rosas y Aristóteles?
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